Argentina González Suárez

 

 Argenta, segunda por la izquierda junto a otros parroquianos

Parroquiana del año 1999

ARGENTINA COVADONGA GONZÁLEZ SUÁREZ. Es una mujer que nació el día de San Valentín de 1925. Es de suponer que la casualidad de nacer el día de los enamorados le haya hecho disfrutar de mucho amor en su vida. De su marido, al que por desgracia perdió ya hace 6 años, de sus hijos y de sus nietos. No en vano el sueño de su vida es el de mantener a toda la familia unida y sentirse orgullosa de los suyos. Nació en Biedes en Casa La Pereda, hija de Manuel y Lucía, los dos de Biedes. Es la segunda de 6 hermanos. El mayor, Pepe fallecido hace 15 años, Pura, Daniel, Manolo y Joaquín. Fueron sus padrinos de bautizo sus tíos Baldomero y Delfina. Fue a la escuela de Biedes con Laura Vitorio, Lola Xuaco y muchas más. Laura era de sus mejores amigas. Después de casada en Mariñes tuvo muy buena relación con Anita, con Bautista Pañeda, María Galán, América López, Remedios del Rico y con todos los vecinos en general, siempre dispuesta a echar una mano a quien lo necesitase. Durante la guerra estuvo refugiada con su familia en Vidriera, en Casa Andrés. No sabemos cuando se hizo novia del gran amor de su vida, José González Valdés, al que suponemos que como vecino que era, conocía de toda la vida. Hay una anécdota muy curiosa y es que cuando venían de las romerías, como el Carmen de Bonielles a eso de las 7,30 de la tarde, no vayan a pensar los más jóvenes, la esperaba su padre en casa y él se quedaba de cortejo con Pepe y ella iba a catar. Se casó con Pepe un 4 de mayo de 1951 y llevaron de padrinos a Marcelo, hermano del novio y a Azucena Fernández, prima de la novia, de La Rebollada de Mieres. Comieron en casa un suculento banquete preparado por una cocinera de Trubia. El viaje de novios fue ¡a Valladolid! Todo un lujo para la época. El motivo fue que Vicente, hermano del novio, estaba haciendo la mili en esa ciudad y como no había podido asistir a la boda pues aprovecharon y fueron ellos a visitarlo. Se traslada entonces a vivir con su marido a la casa de éste en Mariñes, que comparten con la suegra, Claudia y dos cuñados, Marcelo y Vicente y con un niño, Alfonso, hijo de una prima de Pepe. Como Pepe trabajaba en San Claudio, piensan ir a vivir allí. De hecho ya tenían casa buscada, pero las circunstancias de la vida quisieron que ese traslado no se llevase a efecto y ahí permanece viviendo. Fruto de este matrimonio son Carolina, Carmina, Ángeles, Marisa y Jose y seis nietos que son su auténtica debilidad. Ahora mismo está muy ilusionada con la comunión de Cristina para el domingo próximo. A todos les regala el traje y espera, cómo no, poder hacerlo con los dos que faltan. La vida no le fue fácil, como para todas las personas de la época. Fue una trabajadora incansable. Arrestos no le faltaron para sacar adelante a cinco hijos y cuidar tan numerosa familia. Es una gran cocinera destacando entre sus especialidades la fabada, el pote, la carne gobernada, el arroz con leche o los frisuelos. Le gustaba además preparar grandes banquetes, sobre todo para la fiesta de los Mártires, por la que siente gran debilidad toda la familia. Hubo ocasiones en que se reunieron a comer más de 60 personas. También celebraba San José para agasajar a Pepe y a Pañeda, la Navidad, el Corpus. Para el día del Cristo iban a su casa materna en Biedes. Después del trabajo y de haber reunido a la familia solía disfrutar, y todavía lo hace, jugando a la brisca. El servicio de espionaje no fue capaz de recabar nada más que 2 anécdotas. Una tuvo lugar un día de América en Asturias de hace ya un montón de años. Fueron Argenta y Pepe con Carolina, Carmina y Alfonso. Pepe se adelantó a hacer cola y al final colocaron a los niños sentados en la acera, en primera fila. Pasó por allí el vendedor de serpentinas con un carretillo y les pasó por encima de los pies. No veáis la que se armó. Los niños llorando y Pepe queriendo pegarle al desconsiderado vendedor. Total que acabó en la Comisaría para declarar y Argenta prometió no volver. La otra tuvo un final feliz pero mientras que duró fue angustiosa. Ocurrió la víspera de la comunión de Gelina. Argenta había ido a la iglesia para confesarse y poner las flores y Jose, que tenía entonces 3 años se quedó llorando porque quería ir con ella. Al verla marchar salió de casa y en vez de seguirla tiró por el lado contrario, hacia el monte. Estuvo perdido durante unas horas y todo el pueblo participó en la búsqueda. Lo encontró Belarma Isidro en La Gortona. Un día muy especial para Argenta fue cuando celebraron una gran fiesta con motivo de la venida de Cuba de la tía Carolina, que había emigrado a los 4 años y volvía por vez primera a los 72. Al mes de estar aquí reunieron a toda la familia, unas 60 personas y dieron una misa de Acción de gracias en la capilla, en la que D. José, el entonces párroco, le dedicó unos poemas, que llevó grabados para enseñarlos allá. Falleció en el año 2009.

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