Balbina Rodríguez Rodríguez

 

   

 
 
 
 
 
 
 
 
Parroquiana del año 2006

 

BALBINA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ nació el 8 de abril de 1916 en Lavares (Arlós) en el seno de una familia muy numerosa, sus padres Ramona y Laureano tuvieron 15 hijos, es la 2ª de los 9 que sobrevivieron. Los hermanos Balbina y Manuel de Casa El Caminero de Barreo fueron sus padrinos, le deban todos los años el bollo, 2 ptas. ¡sí 2 ptas!, toda una fortuna para ella.

Comenzó a trabajar desde muy niña cuidando a sus hermanos hasta que otra hermana la sustituyó y pasó a las labores del campo: cavar la tierra para plantar todo tipo de hortalizas (previamente hacia los semilleros), sallar, arrendar, recoger las cosechas grandes de maíz, habas, patatas, la hierba, además de atender el ganado. Sus hermanos varones cuentan que en más de una ocasión plantaron cara a su padre, sobre todo el mayor, y le dijeron que si no iba Balbina con ellos, ellos tampoco irían, por lo que fue toda su vida una trabajadora del campo no un ama de casa, tanto en Arlós como en Parades. En su juventud disfrutó de todas las romerías de Llanera, iba a todas las esfoyazas que podía y dice que cualquier reunión era buena para montar una fiesta: cantaban, bailaban, contaban chistes, pero eso sí, si coincidían en domingo, tenía que madrugar más que otros días, para preparar la mercancía que había que llevar a la plaza de Avilés los lunes para venderlo, llevaba patatas, verduras, cebollas, ajos, manzanas, peras, nueces, avellanas, todo cuanto podían, pero lo que más trabajo le daba era preparar el queso y la manteca que después de hacerlas había que ir a la fuente de Lavares para enfriarla y que al mismo tiempo endureciese. Llevaba la mercancía en caballo y años después en la xarré, que era un lujo y se hacía más cómodo el viaje. Además del mercado de la Villa (Avilés) iba también a Posada y menos veces a Oviedo, dependía de la leche que tuvieran en el momento, para los quesos y las mantecas.

El 24 de julio de julio de 1944 en la verbena de Santiago de Arlós, conoció a Jesús de Casa Xepe con el que se casó el 24 de abril de 1948. Su vida en Parades no se diferenció mucho de la que había sido hasta entonces, siempre se la vio de sol a sol, trabajando en el campo y con la ganadería, codo con codo con Jesús; esto no fue problema, más difícil le resultó adaptarse a la nueva familia, situación no fácil que llevó dignamente y en silencio. Tuvo 3 hijas: Lali, Josefina y Gloria; más tarde adoptaría 3 hijos más: Enrique, José Manuel y Remi, sus yernos, que le dieron 5 nietos: Mª del Mar, Ana Irene, Lidia Belén, Álvaro y Alicia y volvió a adoptar esta vez un nieto Tomás, marido de Mª del Mar; todos sus nietos desde muy pequeños le tienen un cariño especial, casi adoración, recuerdan las historias que les contaba, parecía tener una para cada ocasión, todavía hoy les cuesta entender si eran realidad o la imaginación de su abuela. Mujer responsable ya desde niña, adelantada a su tiempo a pesar de ser sus estudios escasos, no haber leído libros hasta hace pocos años, no ver la tele ni haber viajado, sencilla, silenciosa, decidida, luchadora, con mucho coraje y lo que casi todos sabéis muy trabajadora, hasta tal punto que se enfada consigo misma cuando no puede hacer algo. También tiene defectos ¡cómo no! no sería humana, el mayor de todos es que cuando comenta o dice algo, sobre todo si es referente a trabajo, no se le puede tomar a broma, porque coge tanto a sus hijas, como a sus yernos o nietos in fraganti, aunque dice: que ella no manda ella sugiere; una de sus frases es: estáis mejor trabajando, así no os da tiempo a pensar maldades. Tanto a sus hijas como a sus nietos, trató de educarlos en libertad, aconsejando nunca imponiendo, ayudándoles a tomar decisiones, no obligando.

Tiene presente a Dios en cada momento, dice que desde niña nunca le falló, a pesar de haberla puesto a prueba en varias ocasiones, muchas de ellas muy duras, su esperanza y su fe nunca tambalearon. Cuenta que cuando tenía 8 años, enfermó gravemente, el tifus y una meningitis le hicieron debatirse entre la vida y la muerte, las escasas medicaciones de la época no le servían de mucho. Para bajarle la fiebre llevaban sábanas  a la fuente para enfriarlas, de vuelta a casa las llevaban metidas en agua para que en el viaje no calentaran y la envolvían con ellas; todos los esfuerzos parecían inútiles. Su madre, al ver que no mejoraba, cogió a Balbina en brazos, se subió a un caballo, para llevarla a la Virgen del Remedio en Nava con la firme esperanza que Ella la salvaría; nadie aprobaba el viaje, su tía Benita suplicaba que por Dios no se marchara “no llegarás allá con ella viva” le decía. Contra todos su madre hizo lo que su corazón le dictaba, el viaje iba a ser largo y muy duro, con una niña que no se sostenía sentada en el caballo y éste como único medio de transporte, ¿cuánto rezaría esa madre en el viaje y cuánto le pediría a la Virgen que intercediera por su hija?, no lo sabemos, pero sí sabemos que poco antes de llegar empezó a notar que Balbina presentaba señales de mejoría ¿qué sucedió en el camino? su madre siempre dijo que un milagro, después de ver morir a varios hijos, vio como su hija se salvaba.

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