José Lorenzo Rodríguez

 

José es el primero por la derecha 

Parroquiano del año 2001

 

JOSÉ LORENZO RODRÍGUEZ, más conocido entre nosotros por José Nola. José no es reguerano de nacimiento, pero sí de paciencia. Prueba de ello es que lleva 65 años viviendo en Parades. Vino al mundo en Piles, Villardeveyo de Llanera el 7 de diciembre de 1911. Ese fue un día de alegría para sus padres Bautista y Josefa, que recibían con gran ilusión a su primer hijo. Más tendrían ahora, si pudieran verlo y comprobar lo buena persona que es y lo bien que llevó su vida. Tuvo 8 hermanos: Ángeles, María, Luisa, Aurora, Ramón, Manolo, Balbino y Mercedes. Fue a la escuela poco tiempo, pero lo aprovechó bien. José es una persona, que aprovecha todas las circunstancias de la vida para sacar algo positivo de ellas. En su infancia acudió un tiempo a la escuela de Villardeveyo, otro poco en Torrestío, más tarde un poco más con Lola les Blanques en La Cigoña y por último a Campañones con D. Simón Avello Paramio. Parece ser que de niño se le pasó por la cabeza la idea de ser cura. Menos mal que no lo consiguió, a pesar de lo escasos que estamos de ellos, porque sino no estaríamos aquí glosando parte de su vida y habríamos perdido la oportunidad de tener un buen vecino. A los 19 años pensó también en ir en busca de fortuna allende los mares, concretamente a la Argentina. Pero ese deseo tampoco se cumplió. Cuando iba de camino hacia La Coruña con  un primo suyo y su padre, que los acompañaba, al pasar entre Cuadros y Santibáñez hubo un brutal choque de trenes. El balance del accidente fue de 14 muertos y 18 heridos, entre los que se encontraban estos tres asturianos. Aquel día, 16 de diciembre de 1930, José considera que volvió a nacer. Tuvieron que estar hospitalizados 4 meses. Les dieron de alta a los tres a la vez. El servicio militar lo cumplió en Astorga donde coincidió con soldados de la zona. Conserva algunas amistades de aquella época, como Polo Espina, que le visitó recientemente y juntos rememoraron hazañas de aquellos lejanos tiempos. Durante la guerra estuvo primero con el batallón Rapín y al final con los nacionales en Teruel. De su paso por el frente, donde le tocó en el departamento de Sanidad, viene su habilidad para las curas y por eso, durante mucho tiempo fue el encargado de poner inyecciones en le pueblo. José pertenece a una familia vaquera que practicaba la trashumancia estacional, los inviernos en Piles y los veranos en Torrestío, donde conocería a su mujer, también vaquera. Cuando venía a cortejar traía a veces una pequeña pistola, ya que le habían advertido que había revuelos por la zona. Esto que ahora nos parece chocante era bastante habitual en esas fechas. Pues bien, un día cuando volvía de cortejar, al llegar a Posada, donde la vieja casa de Mero, le advirtieron unos conocidos que estaba la Guardia Civil cacheando a los que pasaban. Entonces, José se vio un poco apurado y metió la pistola en el zapato. Era muy incomodo y casi tenía que cojear, pero se libró de que le pillasen. Se casó con Sabina el 24 de febrero de 1936. Fue la mejor inversión de su vida, juntos compartieron 60 años de feliz matrimonio. Se casaron en esta iglesia de Biedes, la comida tuvo lugar en Posada, en el bar Luis. Para llevar a los invitados alquilaron un pequeño autocar de Manolito de la Venta del Jamón y fueron de viaje de novios a Gijón. ¡Todo un lujo par la época! Fruto de este matrimonio fueron sus hijas Enedina y Mercedes. Enedina nació en Torrestío y Mercedes en Parades. Tiene 4 nietos y 4 biznietos, que son la alegría de su vida. A José le tocó como a los de su generación una vida dura. Cuántas veces fue camino de Torrestío andando, y en bicicleta. De estos viajes le quedó la afición ciclista que practicó hasta hace pocos años. José es una persona activa, le gusta estar siempre haciendo  algo. Sabemos que trabajaba bien la piedra, la prueba está en las ventanas labradas de la casa de Torrestío. Es muy perfeccionista. Le gusta tenerlo todo ordenado. También le gusta cantar y lo hace bien. En su juventud ganó un premio de un duro cantando con una tía de María Pedro en Trobaniello. En las andechas siempre animaba con sus cantarinos y sigue practicando con sus biznietos, que le piden: ¡Otra y otra y otra más! Es un excelente conversador y sobre todo, un  buen vecino. Siempre se pudo contar con él para lo que se necesitase. Amigo del diálogo y de arreglar las cosas, virtud muy valiosa. Suele estar siempre de buen humor, le gusta pasear, leer  y también escribir. Con una vida tan intensa como la tuya, José, tienes mucho que contarnos. Esperamos unos cuántos artículos para La Piedriquina… Sirva este homenaje para devolverte un poco de lo mucho que nos has dado. Falleció en 2007.

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