José Ramón García Blanco

 

 

Parroquiano del año 2002

JOSÉ RAMÓN GARCÍA BLANCO. La vida de José Ramón da comienzo en el barrio de Teatinos de Oviedo el 11 de agosto de 1929 cuando llega al seno de la familia formada por Alfredo García, de Casa Corredoria de Parades y de Azucena Blanco, de Casa Cartuchos de Biedes y sus dos hijos Azucena y Alfredo. Más tarde llegaría su hermano Benjamín. En aquel entonces sus padres regentaban en la misma casa una tienda de comestibles. Al estallar la guerra la casa queda destrozada y se queda toda la familia en Biedes. Antes de esto pasaba temporadas en Biedes o en Parades. Acude a la escuela de Biedes con D. Paciano. De esa época recuerda que jugaban al tiro de cuerda. Hacían dos bandos, en uno de los cuales se colocaba el propio maestro. En el momento en que más tiraban, D. Paciano susurraba a los suyos ¡vamos a soltar! y caían todos patas arriba. También iba a las clases que daba su tío Jesús. Más tarde completaría su formación en una Academia en Gijón. De la época de la guerra sabemos que fue guardador de un secreto que debió pesarle como una losa. Estando cuidando les vaques en El Valle llegó su madre con una cesta de comida y le contó que la llevaba para su padre que se escondía por allí durante el día y que, pasase lo que pasase, no se lo dijese a nadie. Y lo cumplió, pero ¡qué duro debió ser para un chiquillo de 7 años! También recuerda que en una ocasión le cogió Prima Justo y le sacó las cosquillas hasta que no pudo más. Como chiquillo que era la entró la curiosidad por el tabaco y decidió probarlo, a escondidas, por supuesto, debajo de un carro de yerba. Cogió un pitillo o dos, de los que entonces se vendían sueltos en el bar, y unas cerillas, pero al encenderlos se prendió la yerba. Se asustó tanto que no quería salir de debajo. Venga a porfiar Gloria, Edelmiro y la Nena. Al fin Gloria le convenció diciéndole que no le iban a pegar. El carro lo llevaron al Pozón. Los amigos de Biedes se quedaron para siempre en su corazón: Adolfo Cutilda, quien le pedía que le llamase papá, Manolo Nonito, José Pedro, Sindo Antón, Pepe y Avelino Vitorio, y tantos otros, Luis, el hijo del maestro, con el que jugaba a los entierros con los pájaros. Con los pájaros que cazaban otros chicos hacían un entierro con misa y todo. De ahí le surgió la vocación a D. Luis. De esta época guarda el dulce recuerdo de un amor platónico que sentía por una niña morenina de La Cabaña. También una marca que conserva en su trasero, cual herida de guerra, causada por una botella rota en la panera de Casa Edelmiro, jugando con la Nena. En Gijón comenzó muy pronto a trabajar, primero como pinche en la Joyería Balbuena en la calle Corrida. Tenía unos 14 o 15 años cuando enfermó del pulmón. Se preocupó tanto que decidió contar a sus hermanos donde escondía su tesoro,¡por si le pasaba algo! El tesoro eran los ahorros que juntaba durante todo el año para gastárselos íntegros en las fiestas de Begoña. Durante la enfermedad estuvo en Gijón menos un mes al año que pasaba en Parades, en Casa Corredoria. Debido a esta enfermedad libró del servicio militar. Su siguiente trabajo fue de dependiente en un comercio de tejidos Martiyuso. Más tarde se hizo relojero. Estuvo 5 años en Venezuela donde trabajó como cronometrista, maestro relojero. Al retorno puso una joyería con su hermano Benjamín en la calle Campoamor, luego se trasladaron a Silla del Rey. Se llamaba JOYBE.

En Gijón tenía dos estupendos amigos, Felipe, del que era inseparable y Enrique. Con este último hizo un poco de casamentero. Resulta que a Enrique le gustaba mucho una chica y no tenía dinero para invitarla al cine, tenían alrededor de 15 años, y José Ramón se lo dio. Con el tiempo se convirtió en su mujer. Siempre agradecieron aquel gesto que los llevó a compartir la vida. También relacionada con el cine nos llegó otra anécdota. Un día vio a su hermano Alfredo dirigirse al cine Imperio en el paseo de Begoña y le preguntó qué película iba a ver, le dijo que Ahí está el detalle de Cantinflas. José Ramón manifestó que le gustaría verla y Alfredo le prestó el dinero. Llegó a casa el primero y tenían de cena pulguinas. Se sentó a pelarlas y en estas llegó Alfredo e hicieron un trato, si José Ramón se las pelaba le perdonaba la deuda y aceptó, claro. Ya en Oviedo sus amigos fueron Gonzalo de La Camocha, Angelín el Tasquero y Gonzalo. Para José Ramón la amistad es algo sagrado, único, un valor que se practica poco.  A su compañera del alma, Mª Teresa, su esposa, la conoció en el baile de Rocamar, en Gijón. Se casaron el 24 de agosto de 1964 en la iglesia de San Isidoro. Fueron los padrinos el tío Jesús y una tía de la novia, Aurora. Los novios fueron hasta la iglesia en sendos taxis. Al de la novia se le encargó esperar el final de la ceremonia para acercarlos al banquete, en los bajos del Filarmónica. Pero el taxista debió aburrirse y se fue de vinos. No le encontraron y se sirvieron del coche de una prima. De viaje de novios fueron a Perpigñan. No tuvieron hijos, pero sabemos de su preocupación por los sobrinos, en especial por su ojito derecho Carolina, que ilusionada nos ayudó a recopilar esta biografía. Sabemos de buena tinta que el cariño es correspondido. Le gusta pintar. El pasado año nos regaló un cuadro para la subasta del Ramu del Espíritu Santo de Parades. También dedica tiempo a navegar por Internet. Es socio del Centro Asturiano y bueno algún defecto debía tener ¿no? ¡Es del Sporting! Bueno si en Biedes hubiera equipo de fútbol sería de aquí. Lo cierto es que lleva a Biedes en el corazón. Es su punto de referencia junto con Gijón, pero de aquí es la familia, las raíces, los recuerdos de la infancia, esos que nunca se olvidan... Lamenta que Biedes haya cambiado tanto, que la gente viva tan para adentro. Le gustaría que hubiera más unión, más ganas de hacer cosas juntos. José Ramón es un espíritu joven y transparente. Siempre está aprendiendo algo. Irradia bondad. Fue toda su vida un trabajador incansable, excelente empleado y patrón, cosas difíciles de combinar. Muy responsable. Cuida de su familia con verdadero celo, atento en todo. Le gusta indagar en el pasado, saber cosas de antes. Se preocupa de tener un legado familiar, cultural, ancestral, que dejar a los suyos.

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