Josefa Suárez Suárez

 

 
Josefa es la tercera por la izquierda
Parroquiana del año 2003

JOSEFA SUÁREZ, Josefa Suárez Suárez, vecina de La Braña. Fue elegida porque siempre colabora con esta asociación, se interesa por nuestro trabajo y siempre nos está dando ánimos. Viniendo esos ánimos de personas como ella, luchadoras y solidarias, tienen mucho más mérito. Nació en 1920, en casa de Xiromo, en Parades. Es la 4ª de seis hermanos, tuvo una infancia feliz hasta que enfermó su padre que fallece cuando ella apenas tenía 15 años. La muerte de su padre, la guerra civil y los años de la posguerra, sembrados de hambre y calamidades, durante los cuales fallece su hermano Arturo en el Penal de Toledo, marcaron su adolescencia y primera juventud. De su infancia y juventud recuerda asistir a la escuela de Biedes con Dª. Cesarina, ir al baile a La Granda y a otros lugares cercanos, pasarlo muy bien con sus amigas entre las que recuerda, de modo especial, a Lala Xepe, Araceli Roque, Lola Xugal, Lola Corredoria, María Rufu y a otras muchas que la consideraban una compañera despierta y simpática, con un gran sentido del humor. Aprendió a coser en casa de Roque con María, que fue la gran maestra de la zona y, aunque después no se dedicó a la profesión, sí aprendió lo suficiente para poder hacer su propia ropa. Como el resto de las personas de su época de esta zona, recuerda la guerra como una terrible calamidad que sufrió con su madre viuda, su hermano pequeño Vicente y su abuela, pues los otros dos hermanos estaban en el frente y sus hermanas mayores estaban casadas viviendo fuera. Recuerda que pasó gran parte de la guerra en su casa, un antiguo caserón unido a la actual casa de Fausto y que cuando los bombardeos empezaban, su madre los cogía a todos y los abrazaba debajo del dintel de la puerta de entrada que era una gran pieza de piedra, creyendo que allí estarían protegidos. La relación con los de casa de Fausto y casa Valdés era más una relación de familia que de vecindad. Tanto era así que Palmira Fausto, después de que fusilaron a su esposo, en el 37, tuvo grandes terrores nocturnos y no podía dormir sola, por lo que muchas noches Josefa dormía con ella. De este tema Josefa prefiere no hablar, pues recuerda perfectamente aquel oscurecer fatídico cuando rodearon la casa y capturaron a Ramón que se escondía en la tenada. No podrá olvidar nunca las caras de quienes lo cogieron ni la de Palmira y su madre pidiendo clemencia con el niño en brazos... Finalizada la guerra su vida estuvo marcada por la miseria, el miedo y la desgracia, pues los hombres de casa de Xiromo habían sido del bando de los perdedores y aunque ella nunca estuvo metida en política si sufrió sus consecuencias con el resto de la familia. Pero como para el amor no hay ideologías, se enamora y casa con Juaco La Braña, ex combatiente de derechas y miembro de Falange. 

Se casan en Covadonga en riguroso luto, pues ambas familias no habían podido aún superar la muerte de otros hijos durante la contienda. Se van a vivir a Oviedo en donde Juaco era Guardia Municipal y cuando tenía tiempo libre hacia su oficio de castrador en los concejos que le adjudicaba la Hermandad de Castradores; pero ese período de felicidad dura poco, pues antes de dos años Genaro La Braña les pide que se hagan cargo de la casería. Esta nueva etapa de la vida de Josefa no fue fácil. Entra a vivir con suegro, suegra, y dos cuñadas -una soltera y otra viuda. Una casa con costumbres totalmente distintas a la suya. Tenía 24 años y una niña recién nacida. Además, esa familia, vaqueros de Torrestío subían al Puerto con sus ganados todos los años. De este período de comienzos de casada recuerda de modo especialmente agradable cuando estaban en Torrestío pues trabajaban mucho pero estaban solos. Gran parte del tiempo ella tenía que ocuparse de la ganadería, ayudada por un "criadín", pues su marido andaba capando, como se decía. Gracias a este salario extra y a la clarividencia de su esposo, y a la suya propia, sus tres hijas pudieron realizar estudios en Oviedo, las dos primeras internas y la tercera externa y también completan estudios en el extranjero, cosa nada frecuente en aquella época. La vida se fue desarrollando para Josefa de modo normal con luces y sombras como sucede a todo el mundo. Entre las luces cabe citar que tuvieron  momentos muy felices; trabajaron pero siempre reservaban algún tiempo para salir a comer o ir a una feria los dos en moto primero y en el 600 después; que tuvieron dos nietos y una nieta; que cuando nació el mayor lo primero que hicieron fue ir a Grado a comprarle unos calzoncillos, para festejarlo, pues decían que ¡hacía más de 50 años que no nacía un niño en casa Genaro! Mujer de carácter, decidida y generosa, dio pan a algún refugiado en la posguerra y nunca lo dijo ni a su marido ni a su familia. Contó a sus hijas este hecho al final de los ochenta, cuando la democracia ya estaba establecida y se sintió segura para poder hablar. Explicaba su proceder diciendo: ¿Cómo no iba a darle de comer? ¡Aunque yo me quedara sin ello! ¡Aquel home tenía cara de fame y miedo y podía haber sido un hermano mío! Recuerda con especial emoción las primeras elecciones democráticas. Juaco le trajo una papeleta y ella contestó: "no, no, tu votas a los tuyos y yo a los míos". Él, que era una persona muy inteligente, le respondió  sonriendo," bueno, bueno, no te enfades". Las sombras también tuvieron su peso: Joaquín enfermó de Alzheimer y fue un proceso muy largo y doloroso que ella llevó directamente. En esa misma época empeora su hermana Adela y enferma su cuñada Leonides, con la que vivió siempre. Hubo días en que dejaba a Juaco en la cama para correr por La Calera hasta casa de Manón a atender algo a su hermana. Momentos difíciles y con muchas tensiones. Hoy sigue viviendo en La Braña, aunque cuando habla de casa de Xiromo todavía se le escapa decir "en mi casa". Tiene salud, hijas, yernos y nietos que la admiran y quieren y se siente feliz por ello. Y es el principal referente de la casa para todos, sobrinos y primos de ambas familias. Josefa ha sufrido mucho, pero su carácter optimista, su fuerza interior, su simpatía y hasta su genio le llevan siempre a sobreponerse. Es en definitiva una buena mujer. Imaginamos lo orgullosos que se sentirían sus padres Manín y Elvira de cómo llevó su vida. Eso debe llenarla de satisfacción. Porque no hay mayor satisfacción que la de hacer las cosas bien.

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