Manuel García Álvarez

 

 

 

Parroquiano del año 2003

 

MANUEL GARCÍA ÁLVAREZ, más conocido por Manolo “El Barbero”. Manolo nació el 20 de febrero de 1937 en Posada de Llanera, porque allí estaba refugiada su familia a causa de la guerra civil, (su abuelos Severo y Flora, su madre Marcelina, su tío José con su mujer Delfina y el hijo de ambos Amalio, y su tío Ramón que fue para nuestro parroquiano un autentico padre). Manolo no es, pues, “escobero” de nacimiento –aunque ello se deba a la casualidad de una guerra fraticida-  pero de corazón si, siempre dice con orgullo que se crió con la boroña y el agua de Les Regueres. Pronto la familia volvió a su casa de Mariñes, conocida como Casa Severo y aquí pasó su infancia. Se bautizó en Biedes, y curiosamente fue a bautizarse caminando, sí caminando, porque tenía ya unos años. Esto les pasó a muchos otros nacidos cuando la guerra. Llevaba vestido una especie de funda o mono que le hizo una modista Pura de Casa Polonia de Mariñes. Le bautizó D Armando el sacerdote de Biedes y cuando le puso la sal en la boca, Manolo lo escupió con todas sus fuerzas. Guarda un grato recuerdo del día de su Primera Comunión, el día 31 de mayo de 1945. Comulgaron con él, Manolo Lin, Ramón El Machuchu, Serena La Campina, José Pedro, Maruja el Caseru, Tina y Paulino Corredoria, Avelina La Cabaña, Pepe y Gloria Pachu, Enedina Nola y algunos más. La Iglesia estaba realmente preciosa adornada para tan importante ocasión y en la escuela de niñas de Biedes se sirvió un chocolate exquisito. Acudió a la escuela de Biedes, siendo  maestro D. Paciano, aunque en realidad la mala salud del profesor obligaba a que fuera su mujer Dª Cecilia la que casi siempre le diera clase, incluso el hijo de ambos, Luís, que luego sería sacerdote.  Por entonces eran sus compañeros: Gloria y Pepe Pachu, Carmina y Laudino Pañeda, Pilín de Casa Galán, Manolo El Cabu, Rosal, Manolo Cadagüelu, sus primos Amalio, Francisco, José, Amado Bonifacio. De La Estaca, Tarsicio y Titi y de Biedes los de Casa Canor, Manolo y Daniel de Casa El Pichu, Manolo y Agustín de Ca Lin y otros muchos... De la escuela a Manolo, lo que en realidad le gustaba era el recreo que sabía aprovechar muy bien. El resto no era tan ameno, y por esta razón a nuestro parroquiano de niño le dolía mucho la barriga, así que pedía permiso a D. Paciano y aprovechaba  para ir a beber agua a la Fontona o “echar unas vueltas” con sus amigos en el prado de Casa Ramiro. De profesor particular, tuvo a López, y acudía a sus clases junto con Amado Bonifacio. Cuando les preguntaba que habían estudiado del catecismo, como no tenían ni idea, salían del paso diciendo  que sabían lo del “cordero”, López se enfadaba mucho y les decía: ni el cordero, ni la oveja, no sabéis nada. Manolo tiene buenos recuerdos de su infancia, pero reconoce que fueron tiempos difíciles en los que unas alpargatas duraban más tiempo rotas que nuevas y a la escuela se iba caminando por la carretera, llena de piedras y baches. Le gustaba mucho el fútbol, pero había que utilizar de balón una gorra, o un trapo enrollado. Cuando pudo tener una pelota de verdad, le dio tal patada que la reventó, luego tuvo que seguir jugando con ella, pues no había para otra. El fútbol es una de sus pasiones. Aunque es del Sporting, pero bueno algún defecto hay que tener. Sin embargo acompañaba a su primo Amalio con su gaita cuando les invitaba Pañeda a ir al fútbol. Allá por 1960, viviendo en Mariñes se reunían hasta treinta y pico chavales, resultando fácil formar un buen equipo y enfrentarse al contrario, aunque más de una vez hubo que pedir ayuda a los de Biedes. Con el “Mariñes” jugó Manolo el campeonato del Escamplero en el Monte La Berruga, del que no quedó muy satisfecho por las pocas victorias obtenidas. El prado del Bito y el de Riba de Pachu Benigno fueron testigos de muchos encuentros y cuando el contrincante era de afuera se  acudía a Las Viñas. Aunque el campo preferido era el Castañeu de Casa Xuacu, cosa que no le hacía mucha gracia a Jamo, que les reñía continuamente, llegando incluso cierta vez a cogerles las madreñas y llevárselas para casa. Desde entonces mientras jugaban vigilaban por si Jamo  volvía.  En una ocasión por la fiesta de Los Mártires, se jugaba un partido en La Canal y entre los deportistas estaba Armando Martínez que por entonces estaba en Casa El Cabu. Era bueno y le ofrecieron ir a probar suerte en el Juvencia de Trubia. Armado no sabía donde estaba Trubia y Manolo se ofreció de guía, aunque sabía tanto como él. Recuerda que fueron andando de alpargatas y en más de una ocasión les apeteció dar la vuelta, pero llegaron y los dos hicieron la prueba. Eligieron sólo a Armando, pero este dijo que o se quedaban los dos o ninguno, y entonces ¡ya se pueden imaginar la respuesta! Ninguno. Una vez en Trubia había que aprovechar, decidieron ir al cine del Casino de la Fábrica para lo que sacaron la entrada más barata, consiguiendo una primera fila, o sea ver la película con el cuello retorcido y pegados a la pantalla. El fútbol sigue siendo importante para Manolo que durante 18 años fue vicepresidente, junto con Jesús de La Pota del Racing de Cayés. Acompañó a este equipo durante sus viajes, arrastrando incluso a Julia su esposa, la cual llegó a lavar la ropa del equipo estropeando más de una lavadora. Otro de sus deportes favoritos es la natación, a la que se aficiono de niño cuando en el río Nora veía nadar a Falo El Ferrero, Pepe Sidro y Pepe el mudo Pañeda. Manolo y sus amigos observaban y cogían puntos. Pronto aprendió a nadar, a tirarse de cabeza, y a defenderse en el agua con bastante soltura – lo que no impidió que una vez al enrollársele  en el cuello unas ramas lo pasara francamente mal, desde entonces nada con la cabeza bien afuera.En el Pozón hacía de las suyas, cuando en el invierno estaba lleno de agua y con las fuertes heladas quedaba congelado, cogía carrera y se lanzaba en plancha sobre  el hielo que afortunadamente nunca llegó a romperse. De chaval iba a los bailes de los alrededores como el de La Campina o el que había en Biedes delante de Casa Ramiro, incluso más lejos como Las Cruces o Arlós. Se iba en bicicleta y muchas veces a pie, aprovechando el trayecto para contar chistes y cantar o recitar aquellos versos que Manolo componía:

A su burro Serrano:

Desde la Peña Benita

La Trecha y La Reguerada,

Pasaba yo en el Serrano

A todo lo que él andaba.

Y otros que se cantaban entonces:

Les narices de Cornelio

Tienen dos apartamentos,

Uno para los de Asalto

Y otro para los del Tercio.

Muy cerca de les narices,

Cornelio tenía el focicu,

Pa ponei la cabezada

Como a todo gran politicu.

En Mariñes ta la fame,

en Biedes la flojedá,

en baxando pa’ La Estaca

nun tienen barriga ya.

En el año 64 empieza a trabajar en las canteras que Ensidesa tiene en el Naranco y allí permaneció durante 30 años hasta que fue prejubilado, alternando con el oficio de barbero que desarrolló en las peluquerías de Villapérez y Posada. De ahí que le conozcamos como Manolo “El Barbero”. Cuenta que la peluquería siempre le gustó, comenzando muy joven a practicar con los pelos de los vecinos de Mariñes, aprendiendo el oficio en la calle Mon de Oviedo y montando su primer negocio en casa de Sara Manín. A los 26 años conoce a Julia Rodríguez, una joven de 18 años, de Casa Vidal de Escamplero, que cambiaría su vida para siempre y con la que después de 2 años de novios, contrae matrimonio el 8 de mayo de 1965 en la Iglesia de Escamplero. Oficia la ceremonia D. Celso. Asisten unos 90 invitados y el banquete tiene lugar en el Restaurante Lobato de Oviedo. El viaje de novios a Valencia dura, ni más ni menos que un mes. El matrimonio tiene tres hijos: Mª José, Sonia y Rubén. Mª José y su marido Marcelino les han convertido en abuelos de una preciosa niña llamada Eva, que ocupa toda su atención y con la que pasan momentos maravillosos. A los 20 años ya comenzó a presentarse a concursos de tonada, en algunos retó a su amigo Pichi de Llanera, que después se retiró, continuando Manolo. Acudió en seis ocasiones al Campoamor, y quedó finalista obteniendo buenos puestos. Fue invitado a cantar en el Centro Asturiano de Madrid, en Benidorm, Santander, Barcelona y Torrevieja. Actualmente canta con su mujer en la Coral de Llanera, desde su fundación en el año 88, casi 15 años durante los cuales ha intentado no perderse ni un solo ensayo, salvo los que un infarto le obligó, aunque afortunadamente recuperada la salud sigue cantando. Suele decir que antes de comenzar en la Coral en realidad no sabía cantar, solo daba voces. Participó también en los concursos del Cañal, donde también le rindieron un homenaje. Aquí en Biedes hemos tenido ocasión de escucharle cantar con la Coral y en más de una ocasión en solitario, como cuando nos cantó eso de

Tengo de casáme en Biedes

que me gusta la limpieza,

como son escoberinos

tienen la casa muy fresca

Vino a inaugurar la Exposición sobre el lino y la lana con aquella canción de Texedora de Bayu y también la de la Emigración, hace ahora dos años. Siempre que acudimos a Manolo para pedirle algo, no duda en prestarnos su ayuda desinteresada. Jamás nos cobró una peseta, él para su parroquia lo da todo desinteresadamente. Por ello le consideramos como “socio de honor” de La Piedriquina. Por esto y por ser colaborador habitual de la revista, donde siempre estamos esperando a leer sus buenos artículos. A todo esto hay que añadir lo buena persona que es, lo mismo que su querida Julia con la que lleva compartiendo cerca de 40 años en feliz armonía. Por eso hemos querido nombrarle parroquiano del año, para hacerle llegar nuestro agradecimiento por su colaboración y por su amistad. Tenía que ser aquí en Biedes, la tierra que le vio crecer y donde su nombre nunca será olvidado. ¡Qué orgullosa se sentiría su madre, Marcela! Sabemos que para él la amistad es un valor importante, así nos lo han dicho sus compañeros de la coral y viejas amistades como Paco Soladana o El Coronu, que hoy también se suman a este pequeño reconocimiento.

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