Manuel Menéndez Valdés

 

 

Parroquiano del año 2006

 

MANUEL MENÉNDEZ VALDÉS nació en Casa Pachu de Mariñes el 7 de diciembre de 1935. Hijo de Saturnino, Pacho, natural de la casa y de Romualda, de Casa el Periquito de Parades. Tuvo 5 hermanos: Mª del Carmen y Enedina, que fallecieron de niñas, María, Pepe y Gloria. Fueron sus padrinos de bautismo sus abuelos maternos de Parades: Manuel y María. Se crió en una familia humilde, como todas las de la época de posguerra, que se dedicó a las labores del campo. Asistió a la escuela de Biedes regentada en aquellos años por D. Paciano, para posteriormente continuar su formación en Trubia, lugar al que acudía caminando. Dada la distancia, su padre le ofreció ir en burro, pero éste no servía solamente de medio de transporte sino de mesa de juegos de cartas para él y otro compañero, muy bien aposentados mirando uno al frente y otro hacia atrás. Enterado su padre de tal hazaña le retiró el uso del burro y tuvo que continuar haciendo uso de sus pies. Una de sus grandes aficiones de niño y de chaval era el fútbol. Jugaba en El Bito y en el Prau Riba de su casa con Rosalino, Laudino, Pacho, Alfredo, su hermano Pepe, José Luis el de Tiva, Tino de Ferroñes, José Manuel de Tamargo, Ramonín de Rañeces y uno de Casa el Correo de Santullano. A veces pedían refuerzos a los de Biedes para completar el equipo. La selección de jugadores se hacía en el Escamplero, en Casa Manín de Sienra, cuando iban a cortarse el pelo, siendo el seleccionador Manolo el Barberu. Todos ellos tenían buenas cualidades para este deporte, pero destaca Manolo, apodado entonces Marquitos, comparándolo con el famoso jugador del Real Madrid. Jugaba de defensa medio y remataba como nadie, al estilo de Zarra, aquellos corners magistrales que le ponía en la cabeza Manolo el Barberu. Jugó en varios equipos: Premió, Santa Cruz, pero nunca en equipos federados. Si fuese hoy estaría jugando en tercera o segunda división. No disponía, al igual que los demás de material deportivo, no había botas ni balones. Manolo, como los otros, jugaba muchas veces descalzo para no estropear las alpargatas, que había que conservar para regresar a casa y no ganarse una bronca. En cuanto a los balones los hacían ellos con gorras y paja, con papeles… Por eso no es de extrañar la gran alegría que llevó Manolo cuando yendo con su padre con los bueyes al mercao a Oviedo, al pasar un poco más abajo de Casa Concha, ¡encontró un tesoro! Un balón de verdad ¡y en la cuneta! Cuando regresó les contó a los amigos, todo contento ¡Ya tenemos balón! Pero llegó la fiesta de los Mártires y no se les ocurrió otra cosa que invitar a jugar a los de Escamplero. Pusieron entre todos 5 duros, que sería el premio para el equipo ganador. Perdieron el partido, jugaron otro, y en esta ocasión los 5 duros los puso Manolo el Barberu, dinero que volvieron a perder, pero no quedó ahí la cosa. Cuando se marcharon los de Escamplero notaron que les faltaba la barra que Pepe Sidro les había prestao para clavar las porterías, y también el balón. ¡Qué disgusto! Aparte de llevarse los 10 duros, se habían quedado sin el tesoro del balón y sin la barra del vecino. Recriminaron más tarde a los de Escamplero por el robo, y ellos les contestaron ¿de quién pensasteis que era el balón, ho? Es que jugaban en la carbayeda de Casa Concha y les caían los balones a la cuneta. En ocasiones como no eran suficientes jugaban entre ellos, 4 contra 4, y siempre les tocaba enfrentarse a los dos hermanos. Pepe era un defensa lateral super rápido, con mucha sangre, y se cuenta que Manolo tenía que esquivarle cuando le veía venir con aquella fuerza arrolladora. Por aquel entonces se hizo famosa una frase de Manolo el Barberu a Rosalino:- Bombíala, que tú avientesla.

Muy joven decidió iniciar su andadura laboral en Oviedo, acabando por convertirse en mecánico de ascensores, profesión que desarrolló durante prolongados años. Durante un tiempo fijó su residencia en Oviedo, para volver posteriormente, acompañado de su mujer, a la casa paterna. Se casó en Santullano el 1 de mayo de 1965, con Argentina Ovies, su inseparable compañera, de casa El Moreno de Lazana. Iba a casarse el sábado anterior, pero ya había elegido ese día su primo Manolo Daniel, y lo pospusieron, celebraron el banquete en La Gruta. Los padrinos de boda fueron su hermano Pepe y una hermana de Argentina. Muchos años fue asiduo viajero de Autos Llanera para acudir a su trabajo en Oviedo donde se le podía ver ataviado con el uniforme de su empresa y su maletín, ocupado en su trabajo de reparación y mantenimiento de ascensores. Uno de sus mejores amigos era un compañero de trabajo, al que solía obsequiar de vez en cuando con unos alegres caracoles cocinados con esmero por Argentina. Digo alegres, porque así es como le gustan. Tuvo también una Vespino para poder acudir a trabajar cuando no pasaba el Llanera temprano. Con el paso del tiempo y ya jubilado, construyó su propia vivienda en el mismo marco que le vio crecer, dedicando la mayor parte de su tiempo en sus aficiones de siempre: el trabajo de la huerta y la caza y pesca. Su huerta, siempre bien cuidada y muy bien aprovechada pues le gusta hacer sus propios experimentos y según la época del año, se puede encontrar azafrán, cacahuetes, distintas variedades de legumbres, originales injertos,... además por supuesto de los cultivos tradicionales.

Otro de sus hobbies ha sido siempre la caza, cada temporada asiduamente se le puede ver, acompañado de su perro, formar parte de la cuadrilla de Manuel Ángel Casero, en la caza del jabalí, aunque también practique la de pluma. En una ocasión estaban de caza en Soto, cerca del río, cuando Manolo vio a un jabalí con su cría. Dispara al grande, que cae del impacto y grita para alertar al resto, que vayan por la cría. ¡Vaya risa cuando vieron en el cruce de Soto pasar al jabalí grande por detrás de él! En la anterior temporada, pudo comprobar el mal genio de un jabalí herido. Afortunadamente todo quedó en unos días de hospital, y en un buen susto. El jabalí cuelga disecado en su salón. Tampoco faltan en su desván la caña y las botas de pesca, actividad que practica ocasionalmente. En otro orden de cosas, muestra especial cariño por la Capilla de Mariñes, es bien conocido su interés en la conservación de la misma, así como su devoción por la Inmaculada, figura mariana que alberga. Desde hace ya cerca de 20 años, siendo párroco D. José Mª Canal promovió la celebración de una misa en honor de la Inmaculada que cada año se ha ido sucediendo hasta la actualidad, coincidiendo con su cumpleaños. Manolo es un hombre serio, recio, trabajador, de ideas claras, y sumamente generoso. Todo lo que tiene lo pone a disposición de todos. Y le gusta hacer las cosas con naturalidad, con sencillez, sin alboroto, por eso es tan celoso de sus cosas, por eso no sabemos donde hizo la mili, puede que en Valladolid, en Pinares de Antequera; tampoco sabemos donde fue de viaje de novios, etc. Lo que sí sabemos es que estamos ante un paisano de los pies a la cabeza. Un paisano querido y respetado por todos, un paisano que va dejando huella por donde quiera que vaya, con su humor un poco socarrón, con un corazón tan grande como la Catedral de Oviedo.

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